viernes, 26 de octubre de 2012

¿Cuándo caducan los alimentos?


Esta es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez frente a un yogur, una lata o unos huevos que se pasan un par de días de la fecha de caducidad. Una fecha que en tiempos de crisis miramos más que nunca porque no están las cosas como para ir tirando comida a la ligera. Hay quien es súper rígido con las fechas de caducidad y a quién le parece que no pasa nada por pasarse unos días si no se trata de un alimento perecedero.

Los productores alimentarios siempre tienden a curarse en salud con las fechas, lo que al final supone que en el 
'primer mundo' se tiren toneladas de alimentos en perfectas condiciones.
ECO-VOEDSEL


Comer alimentos pasados de fecha es un riesgo, pero uno son más
 peligrosos que otros y algunos bastante inocuos, todo depende del tipo de producto, del estómago y estado de salud de cada persona. Según la
 asociación de consumidores Facua en España se tiran 7,7 millones de toneladas de alimentos perfectamente comestibles, 163 kilos por 
persona y 178 por cada ciudadano europeo. Este hecho tiene mucho que ver con la falta de planificación a la hora de comprar y cocinar, pero también con la confusión que muchas veces suscita la duración de los alimentos.

Esta confusión viene, sobre todo, por la diferencia entre la fecha de caducidad y la de consumo preferente. Ambos tienen que ver con la vida útil del producto pero no son equivalentes. La fecha de caducidad indica hasta cuándo el alimento es seguro para el consumo, un  plazo que afecta a la comida perecedera -pescado, carne, lácteos, pastelería-, y suele durar entre 2 y 30 días según el tipo. Una vez superada esta fecha no se puede garantizar el estado del alimento. 

Pero hay alimentos que en teoría no caducan, como los quesos, encurtidos, helados, legumbres, café, jamón ibérico o congelados. que pueden durar hasta cuatro años y lo que llevan es una fecha de consumo preferente. Lo que ésta indica es la fecha a partir de la cual el alimento va perdiendo propiedades (aroma, sabor, textura) pero no que necesariamente esté en mal estado. Sin embargo, mucha gente opta por tirarlos sin ni tan siquiera probarlos. Yo siempre les doy una oportunidad: la mayoría de las veces están perfectamente y otras, como mucho, rancios, pero al menos se habrá intentado…

Hay otros alimentos, como los cereales de desayuno o las conservas que, si no se abren, nunca caducarían, a los que sí merece la pena darles una oportunidad aunque la fecha de consumo preferente haya cumplido. Con otro tipo de alimentos, como la carne cruda, el pescado o los huevos es mejor no jugársela. Con estos últimos, lo que yo hago es meterlos en una vaso con agua: si flotan, es que están malos. También se pueden abrir en un plato y, si se desparraman demasiado la yema y la clara, es que también están pasados.

La fecha útil de producto la decide el propio fabricante, normalmente siguiendo las pautas de las autoridades sanitarias, que suelen fijar límites bastante escasos por prevención.  El problema es que las empresas productoras de alimentos  prefieren curarse en salud y evitar litigios y posibles demandas por intoxicaciones alimentarias. Sus fechas se basan en el tiempo previsible durante el cual, en condiciones normales de mantenimiento, el alimento no sufrirá una modificación por actividad microbiológica que suponga un riesgo para la salud. Hay que tener en cuenta la cadena de frío, la calidad de la materia prima, las condiciones de procesado... Pero esta decisión tiene también graves consecuencias sociales y medioambientales por la inmensa cantidad de residuos que se generan.

Para asegurarse de que las fechas de caducidad sean seguras, los fabricantes guardan muestras de alimentos en su envase definitivo en condiciones similares a las que va  sufrir en el mercado.

ECO-VOEDSEL




viernes, 19 de octubre de 2012

Los restaurantes españoles tiran de media más de 63.000 toneladas de comida al año.


Esto supone unas pérdidas superiores a los 155 millones de euros, según un informe presentado ayer por Unilever Food Solutions y laFederación Española de Hosteleros(FEHR). Extrapolando estos datos, un establecimiento medio tiene unas pérdidas anuales de 3.000 euros.

En palabras de la directora de Unilever, el 60% de la comida que se tira a la basura viene dado por la dificultad en la gestión de las compras; el 30% por la preparación de los platos, y el 10% restante por lo que se deja el cliente sin comer. La mayor cantidad de comida se tira en los menús de mediodía.
Para evitarlo, la FEHR y la empresa Unilever Food Solutions han elaborado una guía con herramientas y consejos para reducir el elevado porcentaje de comida que se tira a la basura.
Las claves para una gestión eficiente
1 Compra. La guía ‘Abre los ojos ante los desperdicios’ recomienda un control más exhaustivo del ‘stock’ para que la compra se ajuste a necesidades reales.
2 Almacenaje. Orden para ahorrar tiempo, espacio y controlar existencias. Usar la estrategia ABC (A, productos más solicitados y que ocupan poco; C, con poca demanda, larga vida y ocupan mucho, B, productos intermedios).
3 Preparación. A la hora de cocinar se pueden reutilizar alimentos (con los restos de unas verduras que van de guarnición, se puede hacer caldo). Otra clave es no cocinar en exceso para no tirar platos hechos.
4 Ejecución. Tener una carta eficiente, coherente, con un coste equilibrado y que todo el equipo conozca a la perfección.
5 Racionar. Personalizar los platos en función de la demanda, las reservas, el tiempo de preparación… Y, sobre todo, ajustar el tamaño de las raciones.
6 Eliminación. Reciclar separando selectivamente los residuos también sirve para ahorrar.